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Revista The Lobby

Se acaba el pan, pero que no falte el circo

Por: Yuseli Pineda Salcedo, estudiante de derecho y antropología, y miembro del comité editorial The Lobby.

¡EL BAYERN GANÓ LA CHAMPIONS! Lo gracioso de esta afirmación es que cientos de personas vieron el partido equivocado; el suceso que muchos pensaron era el partido en vivo resultó ser una transmisión antigua contra el Paris Saint-Germain , en el cual también ganó el equipo alemán. Cientos de medios celebran su victoria en los titulares y cuentan la graciosa anécdota, pero ¿cuál es la relevancia de ese hecho para una revista de política? El mundo cada día se sale más de nuestras manos: los gobiernos se enfrentan a fenómenos de la naturaleza como huracanes e incendios, el Coronavirus cada vez se siente más como una nueva normalidad, las tensiones de poder, masacre, tiroteos y la constante amenaza de una guerra mundial es un poco de lo que vemos a diario en los medios de comunicación.

Entonces, ¿qué tanto está pasando y por qué es importante mantener el ojo crítico de los ciudadanos distraídos? Mientras en Europa muchos países tratan de volver a la tan anhelada “normalidad” anunciando el Tour de Francia, los rebrotes en países como España preocupan y en Nueva Zelanda alertaron a las autoridades al punto de decidir retrasar los procesos legislativos. Por su parte, en Malí se encuentran en un escenario de transformación bajo el Golpe de Estado en el que se prometen nuevas elecciones y dar fin al régimen del presidente Ibrahim Bubacar Keita. Asimismo, en Bielorrusia se siente la tensión tras la acusación del presidente Lukashenko a Estados Unidos de dirigir las protestas antigubernamentales en el país con la ayuda de la Unión Europea. En el gigante norteamericano se reportan nuevos asesinatos por ciudadanos armados, tristemente las protestas en Kenosha lo confirman. Hablando de Estados Unidos, recordemos a su hijo bobo en Latinoamérica: Polombia, perdón Colombia. 

El país de la cuarentena más larga del mundo no solo sufre las consecuencias de  estar hundido en el desempleo y el hambre, condición agravada por las medidas restrictivas del gobierno; también se pinta del mismo color que los encabezados de los periódicos que celebran la victoria del Bayern contra el Paris Saint-Germain: de rojo. A diferencia de la ola de fotos con camisas coloradas, donde los hinchas se emocionan por su equipo, los colombianos diariamente recibimos la noticia de un nuevo derramamiento de sangre. Cauca, Arauca, Nariño y Norte de Santander son algunos de los departamentos que vieron caer las lágrimas de  decenas de dolientes por las víctimas de los múltiples asesinatos, los mismos que probablemente queden impunes por la indiferencia del Presidente que, como primer acto de gobierno, decidió objetar el Acuerdo de Paz. Líderes sociales, indígenas, campesinos, menores de edad, jóvenes y mujeres, son algunos de los perfiles de las personas que perdieron la vida. ¿Sorprende? Tristemente, no. 

Para el mandatario que convierte las gráficas -mal hechas- sobre las masacre en “prueba” de su “eficiente labor” y tiene una plantilla para sus condolencias en Twitter, no es un asunto muy trascendental la muerte como cotidianidad para los ciudadanos. Está Nariño, el departamento que más ha sido desgarrado por la violencia, el mismo que se convirtió en el escenario de tres masacres en un mes; para ellos la única respuesta del ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, fue promover la fumigación con glifosato para combatir el narcotráfico, supuesto causante de las denominadas “muertes colectivas”. Lo contrario demuestra un estudio del 2015 de la Universidad de los Andes, el cual dice que debido a la informalidad de la tierra en el país, está comprobado que una hectárea erradicada con el herbicida es inmediatamente resembrada. Si a nadie van a meter preso por sembrar coca ¿vale la pena arriesgar la salud de los campesinos colombianos porque papá Trump quiere para que al final no sirva de nada? No me parece oportuno ni correcto su argumento, Carlitos.

Mientras tanto, nuestro querido presidente Duque -el mismo que cada vez sale peor en las encuestas de popularidad- se niega a reconocer los crímenes por su nombre y continúa con sus eufemismos. El mandatario centra su atención en las nuevas negociaciones con la tierra natal del Tío Sam. Ya nos enviaron a Asistencia de Fuerza de Seguridad (SFAB) con la excusa de luchar contra el narcotráfico hace unos meses, ¿Sería este el primer intento de Los Estados Unidos de América de militarizarnos? Yo si creo, recomiendo que no le tengamos mucha confianza a sus intenciones.  

De pan y circo se mantiene al pueblo, el problema es que un partido de fútbol no es suficiente para ignorar los problemas estructurales del país, pero ya que vuelve el fútbol colombiano y ese si nos emboba ¿permitiremos dejar en el olvido a los muertos por 90 minutos de juego?. Nos rige un gobierno que ha continuado con la dinámica del abandono regional, dejándolas a su suerte y demostrando más interés en asuntos extranjeros, el cual solo demuestra esta frecuente y dolorosa apatía. Así como una parte de Europa celebra un partido de fútbol, una parte de los colombianos no tienen ni idea de que la violencia nunca ha cesado y su única crítica al gobierno es la reapertura de bares sin alcohol. El pueblo se está quedando sin pan y el circo ya se está cayendo. Los ciudadanos  ya tienen hambre y no solo de pan sino de justicia. ¿Qué hará el presidente Iván Duque? Me atrevo a dármelas de vidente y adelantar el panorama: va a orar y poner al país en manos de la virgen de Chiquinquirá a ver si se le aparece con un milagrito.